El mundo del polo argentino despide a una figura que supo combinar con maestría su visión en el mundo corporativo con una profunda pasión por el caballo y el desarrollo de nuestro deporte. Carlos Miguens Bemberg no fue solo un referente empresarial —recordado por su trayectoria en Cervecería Quilmes y su influencia en el sector energético y minero—, sino un hombre que vivió el polo desde sus raíces, como un entusiasta absoluto del deporte y del animal que lo hace posible.

Un compromiso con el polo desde adentro

Más allá de su perfil público como ejecutivo, Miguens Bemberg entendía que el polo requería de una estructura sólida y comprometida. Por ello, decidió involucrarse activamente en la gestión institucional del deporte, formando parte de la Asociación Argentina de Polo (AAP) en gestiones anteriores. Su paso por la dirigencia dejó la huella de quien busca fortalecer la institucionalidad, siempre con el objetivo de proteger y fomentar la tradición del polo argentino.

La pasión por el caballo

Para Carlos, el polo era una celebración de la nobleza del caballo. Quienes lo conocieron en las canchas destacan que su mayor entusiasmo no radicaba únicamente en la competencia, sino en la cría, el cuidado y la conexión con el animal. Esa sensibilidad —que también trasladaba a su vida profesional, destacada por su capacidad de escucha y trato humano— lo definía como un verdadero caballero del polo.

Su legado en el ámbito polístico trasciende los resultados deportivos: fue un hombre que, desde la dirigencia y desde el entusiasmo personal, trabajó para que el polo siguiera siendo el motor de encuentro y pasión que es hoy.

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